Dos añadas le han bastado para alcanzar un merecido lacre. Con un impecable y cuidado diseño, el crianza de la casa se encuadra en el estilo de vinos maduros y cremosos que tan bien maneja Casa de la Ermita y que se caracterizan por su paso fluido y agradable. El mejor carácter meridional envuelto en fruta y agradables notas tostadas y que disimula a la perfección sus catorce grados; un tinto elaborado para disfrutar. Avalado por la experiencia y la impecable trayectoria de Casa de la Ermita en la vecina Jumilla y su gran conocimiento sobre las variedades que mejor se adaptan al clima murciano, esta añada destaca por su grata complejidad, madurez y frescura. El vino "top" de la casa, de no muy amplia producción, es una delicia en la boca, todo amabilidad y golosidad