Quizás el vino más delicado y complejo de todos los albariños fermentados en barrica. Sin duda el que mejor ha sabido armonizar el carácter frutal y primario de la variedad con una sutil, noble y aromática barrica. Una añada de gran estructura, cremosidad, volumen, y consistencia. De nuevo dos lacres para uno de los albariños que mejor sabe aunar lo autóctono con lo foráneo, la albariño con una visión internacional. Un blanco soberbio, que ha sabido aprovechar al máximo nuestras tradiciones consiguiendo extraer todo lo que la albariño lleva dentro, gracias a no tener ideas preconcebidas y adentrarse en una elaboración, de la mano de Alistair Gardner, en la que la selección del fruto y la crianza con madera en un punto ideal son la clave. Seguimos pensando que han acertado en pleno con el concepto y diseño de un blanco fermentado en barrica, un vino para tomar ahora y observar su potencial frutal o en unos años y descubrir la elegante y compleja gama de aromas que desarrollará en la botella